Vencer la depresión

Marco Antonio de la Parra, Vencer la depresión: Manual para pacientes y parientes (Santiago: Vergara, 2009). 164 pp.

Esta semana terminé de leer este libro, en una faceta no muy divulgada de Marco Antonio de la Parra, la de divulgador científico. Estamos acostumbrados a leer sus ensayos, novelas y obras de teatro, este libro es diferente, trata un tema difícil de una manera que sea accesible y fácil de entender para legos que no conocen del tema en cuestión.

Aspectos positivos


Uno de los aspectos que más me llama la atención es la intención expresa del autor de hacer fácil lo difícil, cuando en muchos casos, profesionales de la salud o eruditos en diferentes especialidades hacen todo lo contrario.

En 164 páginas de la Parra da una lección de sencillez, haciendo que el tema sea más accesible. Uno de los aspectos más relevantes es desmitificar un tema tan complejo y que nos toca tan hondo, por la gran cantidad de personas que enfrentan el problema, y porque además, todos en algún momento de nuestras vidas corremos el riesgo de padecer esta enfermedad, que no sólo toca el soma, sino que nos enreda toda la vida.

El autor además, partiendo de experiencias personales, donde admite algún episodio depresivo con consulta a un colega psiquiatra, acerca el tema a quienes ven las enfermedades mentales como un problema insoluble o tienden a descriminar a quienes de un modo u otro se ven afectados por enfermedades que no son  fácilmente entendibles.


Aspectos débiles

No hay libros perfectos, éste tampoco lo es. Es extraño pero uno de los aspectos positivos, en algunos pasajes del libro se torna en débil, y es que en momentos se observa una sobre simplificación del problema que raya en lo banal.

Por otro lado, el autor que es psiquiatra de profesión suele referirse a medicamentos y enfermedades psiquiátricas de una manera que hace suponer que todo el mundo que lee debe saber de qué está hablando. Eso implica que en el libro hace falta una especie de glosario para legos que no conocen medicamentos o dolencias de la mente, de la misma manera como un psiquiatra.

Párrafos iluminadores

Es difícil elegir párrafos que muestren la riqueza de un texto, pero hay algunos que me parecen relevantes de destacar.
Nadie hay parecido al triste que el depresivo y también nada hay más distinto. [...] Caminar a través de la tristeza más profunda todavía permite ver la luz al final del túnel. En la depresión, en cambio, la oscuridad es total. (p. 9).
Estos párrafos me parecen extraordinarios, en pocas palabras sintetiza cientos de estudios que establecen una diferencia radical entre la tristeza común y habitual, con la enfermedad que se llama depresión. Establecer de partida que es distinto es esencial para entenderlo.
Toda enfermedad es un atentado contra la libertad para moverse en diversos espacios. (p. 15)
En ocasiones se trata a los enfermos de manera condescendiente sin entender el dolor que están viviendo y lo que realmente significa para su estabilidad.
No soy el único psiquiatra que se ha sentido deprimido. Conozco a varios, y son estupendos profesionales, muy preparados para atender a un enfermo con depresión. Porfiados al comienzo, como todos los médicos cuando se enferman. Abandonamos tratamientos antes de tiempo, tendemos a la autoprescripción, nos cuesta escuchar a nuestro médico tratante, como que enfermarse no fuera algo natural, como si no fuéramos seres comunes y corrientes. Sobre todo en esta área. (p. 24)
Una confesión honesta, que harían bien en meditar todos los profesionales, especialmente de aquellas profesiones de ayuda, donde se tiende al síndrome de la omnipotencia (abogados, psicólogos, clérigos, médicos, enfermeras, etc.)
La depresión hay que entenderla como una enfermedad psicosomática; [...] Solo que esta enfermedad que parece arrancar de lo psíquico viene del soma y se expresa en la psique y enreda la mirada, altera el propio comentario. (p. 26)
Un elemento valioso, desmitificar la enfermedad considerándola sólo una dolencia pasajera o simplemente un estado de ánimo producto de la falta de voluntad, nada más alejado de la realidad.
No hay peor frase para un depresivo: 'Pon de tu parte'. (p. 29).
Es un golpe al mentón para aquellos que creen saber mucho de algo que no padecen, por lo tanto, no tienen idea de lo que realmente está pasando al interior de alguien que está sufriendo de depresión.
El problema más grave era y son, siempre, las ideas de muerte. (p. 43)
Cientos de personas cada año se suicidan producto de cuadros depresivos graves, los espiritualistas de siempre tienden a culparlos, cuando en realidad deberían estar antes, para acompañar, amar, abrazar, escuchar, no juzgar, para de ese modo, prevenir que los depresivos atenten contra sí mismos para huir del dolor emocional que sienten y que no pueden expresar.
Nos contaron por años que las neuronas morían para siempre. Que un golpe, el exceso de drogas, 'mataban' neuronas que se perdían por el resto de la vida. Que se nacía con un número determinado de neuronas que se iba perdiendo con la vida. Pero no es así. Mueren. Se multiplican. El tejido neuronal se reproduce. La neurogénesis existe toda la vida. (p. 82)
Es extraordinario como un autor que sabe, un profesional en su área, pueden en cuatro líneas tirar por la borda la ignorancia acumulada en cientos de páginas... sin palabras, no hay más que agregar.
No hay nada más peligroso que los sujetos que no creen en el sufrimiento psíquico. No consiguen ponerse en el lugar del otro, y bloquean el trabajo terapéutico de sus conocidos y parientes con la famosa consigna de que 'todo depende de tu voluntad' [...] Los peores jefes que he tenido han sido sujetos que descalificaban el sufrimiento mental como 'cosas de locos' (p. 98).
Aquellos que descalifican el sufrimiento mental, son los que más se desequilibran a la hora de vivir un episodio depresivo, no están preparados para empatizar con el dolor, empezando por su propio sufrimiento.
Un cuadro depresivo puede requerir cerca de un año de tratamiento, una primera recaída tres años, una tercera recaída hace pensar en más de cinco años. La evolución puede determinar que se trate de un tratamiento de por vida. (p. 118)
Cuando pienso en la multitud de "opinadores" sin base ni sustento científico, y luego leo estas frases de un psiquiatra que no sólo ha padecido depresión, sino que sabe exactamente de qué está hablando, me asustan pensar en cuánta gente da opiniones sin saber exactamente de qué está hablando.
La depresión es una demanda de amor que no se puede verbalizar. (p. 155)
Tal vez este párrafo sirva de corolario para terminar la síntesis. Hay muchos aspectos más, pero se los dejo a ustedes, para que lo lean con cuidado.

Espero que lean el libro, no lo fotocopien porque eso es un robo, cómprenlo o pídanlo prestado, es más digno.

2 comentarios:

  1. No lo conocía.. y me encanto la síntesis. De hecho voy a comprarlo. Un abrazo y bendiciones desde Bs.As. (También amo los libros..)

    ResponderEliminar
  2. Realice actividades físicas, como caminatas o gimnasia. Un buen ejercicio equivale a un antidepresivo. La actividad física aeróbica estimula la producción de ciertas sustancias químicas del cerebro, conocidas como endorfinas, que son las responsables de tres efectos fundamentales que tienen que ver con el estado del ánimo: el efecto analgésico que disminuye el dolor, la disminución de la ansiedad y el nerviosismo, y el aumento de la sensación de bienestar mental.

    ResponderEliminar

Haz un comentario

Me interesa tu opinión, lo que digas es valioso

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...